Cuando las pinzas de la colada ganaron a Mario Bros

Una mamá “desesperada” se puso en contacto con nosotros para que le ayudáramos: no sabía cómo hacer para que su pequeño de 3 años no estuviera pegado a su videoconsola Nintendo todo el día.

Sin pensarlo dos veces, le propusimos el siguiente “experimento”: cuando tu hijo ya haya estado un buen rato jugando (no más de media hora para su edad) prueba a sentarte junto a él con el cesto de las pinzas de la colada (mucho mejor si son de colores).

No le digas nada: empieza a sacarlas de una en una y a jugar con ellas: puedes imaginar que son coches, o aviones, y ponerle emoción creando “efectos especiales” ( brrrummmmm…); también puedes hacer una sencilla casa, o un circuito, o puedes engancharlas entre sí para hacer una serpiente multicolor…. Cualquier idea que te surja es buena si la vives.

No dudes de que si tu hijo ve que estás divirtiéndote ( ¡no pongas “cara de lechuga”, claro!) soltará de inmediato la consola y se pondrá a jugar contigo.

A esa edad, el juguete no es tan importante como lo es el que le dediques un buen rato de calidad a jugar con él: las risas, la complicidad que ganaréis juntos vale más que el juguete más caro que puedas regalarle.

PD: Jugar a un videojuego puede ser una forma de diversión sana para los niños, como lo puede ser un libro o una película, pero hay que adaptar los contenidos y los tiempos de juego a la edad de tus hijos. También es importante que habléis sobre los videojuegos a los que juegan y que juegues con ellos, así podrás decidir si sus hábitos de juego pueden ser motivo de preocupación o no.

Foto: http://www.sxc.hu/photo/778150