Responsabilidad

Leemos en Oh my Phone la noticia siguiente:

“Pitufar” desde un iPhone puede salir caro


“Con la cantidad de servicios y medios de pago a los que tenemos acceso desde nuestros smartphones, los padres deberían ser más conscientes de lo que sus hijos están haciendo con estos dispositivos; también es recomendable que los peques no sepan nuestras contraseñas…por lo que pueda pasar. En otro orden de cosas, los desarrolladores de software deberían tomar medidas para evitar que los niños accedan a contenidos de pago. El juego online se encuentra en plena expansión, debería regularse de forma responsable para fomentar la protección a los menores.
Un claro ejemplo de lo que apuntamos, y del necesario control que debemos mantener sobre el uso de los smartphones por parte de los niños, es la historia de Madison Kay, un niño de 8 años de edad que vive en el estado norteamericano de Maryland; el pequeño, no era consciente de que las compras que realizaba desde el iPhone de su madre, en un videojuego basado en Los Pitufos, eran reales.
Madison, accedió a la popular aplicación (descarga gratuita en App Store) basada en Los Pitufos desde el iPhone de su mamá , y jugó alegremente acumulando una deuda real de unos 1.000€.
La premisa del juego, es construir una aldea desde el principio y hacerla habitable para Los Pitufos. El argumento no puede ser más atractivo para un niño, así será lógico que todos desearán tener unos jardines estupendos y unas casas totalmente equipadas en las que acomodar a los personajes azules más famosos.
El problema se presenta cuando los niños entran en la tienda Smurfberry y con un par pulsaciones gastan 70€ en una carreta de bayas, para ayudar a que su cosecha alcance su máximo potencial. Si el pequeño, como en este caso, conoce nuestras contraseñas de iTunes, será sencillo que en unos minutos acumule un gasto de 1.000€.
La pregunta que nos hacemos es: ¿por qué un juego de niños ofrece la posibilidad de causarnos estragos financieros?. Para conocer de que estamos hablando nos hemos descargado la aplicación; un pop-up aparece cuando el juego carga por primera vez, informando que las compras en Smurfberry se cargarán a nuestra cuenta de iTunes. Cuando hemos vuelto a iniciar sesión el mensaje no ha aparecido, quedando una pequeña referencia sobre el coste real de las compras en la página de la tienda; lógicamente, ningún niño de 8 años va a leer esto.
Casos como estos están surgiendo por todo el mundo; hace poco, en el Reino Unido, un niño cargó accidentalmente 1.200€ en la tarjeta de crédito de su madre  a través de su consola y dentro del servicio Xbox Live.
Evidentemente, bajo nuestro punto de vista la responsabilidad está repartida entre desarroladores y padres. Estos últimos necesitan ser más conscientes de lo que sus hijos están haciendo con sus móviles, aunque los desarrolladores deberían concretar medidas para intentar que estas situaciones no acontezcan con tanta asiduidad.
Si no los controlamos, los medios de pago dentro de los juegos diseñados para menores pueden generarnos problemas. Entre todos debemos fomentar el uso responsable de nuestros dispositivos, intentando ante todo proteger a los niños evitando el acceso y uso indiscriminado de determinadas aplicaciones.”

Hemos resaltado las frases que nos han llamado la atención (en negrita): coincidimos en que la responsabilidad es, principalmente, de los padres por dos motivos:
1º) debían haberse leído las Condiciones de Uso del videojuego, para saber si su utilización podía acarrear gastos reales como así ha sido, y 
2º) nunca, nunca, NUNCA debían haber facilitado la contraseña de acceso a una plataforma de pago como iTunes (¿también les dejarían la VISA y les darían la clave?)
Y, por supuesto, la responsabilidad es también de las empresas que quieren lucrarse a través de prácticas poco éticas como la de introducir la posibilidad de realizar un gasto real en un juego diseñado para menores de edad como en este caso; ¿dónde quedó la Responsabilidad Social Corporativa (RSC)?. Aquí dos ejemplos de RSC.

Esto nos lleva al principio del problema: la falta de regulación, o lo que es lo mismo la falta de responsabilidad que nadie parece querer asumir: resulta bastante obvio que las empresas no deberían lucrarse a costa de los menores, es su responsabilidad si actúan de esta forma; también es responsabilidad de los padres ejercer la patria potestad con sus hijos, no dejando en sus manos productos no adecuados a su edad, y enseñándoles a usar correctamente aquellos que sí lo sean.
Pero ¿dónde queda la responsabilidad de la compañía que alberga la plataforma que ofrece las aplicaciones no adecuadas para menores de edad? ¿y la de las operadoras de telefonía móvil que prestan el servicio?.
En Padres 2.0 creemos que todas las partes implicadas deben asumir la autoregulación responsable para la protección de los menores. 
Para criar a un niño, hace falta la tribu entera” – Proverbio africano.